Viento en popa

Un equipo aragonés de nefrólogos, urólogos y cirujanos de los Hospital Universitarios Miguel Servet y Clínico de Zaragoza, coordinados por  Ángel Borque, jefe de sección de Urología del  Servet, trabaja con dos bioingenieros de la Universidad de Zaragoza, Víctor Alastrué y Pedro Moreo, en el desarrollo de un sistema diseñado para mantener órganos donados en normotermia. Estos dos ingenieros, crearon a partir del Grupo de Investigación de Mecánica Estructural y Modelado de Materiales (GEMM) del Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón (I3A) la spin-off EBERS, con la idea de innovar en medicina regenerativa.

El nuevo sistema mantiene el órgano a 37 grados y, con ello, sus funciones. «A esa temperatura, las células consumen oxígeno y necesitan nutrientes. Utilizamos un fluido que simula la sangre y que calienta todo, y lo bombeamos, logrando que llegue al órgano con un caudal y una presión similar a la del cuerpo», explica Moreo.
Además, la máquina puede chequear el estado del órgano, dando información objetiva de sus funciones y abriendo nuevas posibilidades, algo que hasta ahora no se había conseguido. La normotermia evita el daño producido por la hipotermia utilizada habitualmente para la conservación de los órganos, que pierden parte de su funcionalidad, lo que repercute en el paciente, con más morbilidad y estancias hospitalarias más prolongadas.
Las cirugías experimentales comenzaron hace un año en el Centro de Investigación Biomédica de Aragón (CIBA). En escasos meses, comenzarán las pruebas con órganos humanos, pero primero se harán con aquellos que se descartan para un implante.
Después, se ideará un producto que podrá tener dos modalidades: una fija para los hospitales y otra portátil, que sustituirá a las tradicionales neveras. El beneficio cuando por ejemplo se hace trasplante en vivo cruzado (entre hospitales) puede ser notable.
Miembros del equipo del CIBA.
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